La fermentación es más rápida
o más lenta según la
temperatura del agua, la
temperatura en la cámara
interior o la humedad.
El pan queda muy pesado y
con aspecto abultado.
Demasiada harina o poco
líquido.
No hay suficiente levadura o
azúcar.
Demasiadas frutas, aditivos
integrales o exceso de uno de
los ingredientes.
Harina vieja o rancia, los
líquidos calientes hacen que la
masa suba muy rápido y baje
antes de iniciar el horneado.
Sin sal o sin azúcar suficiente.
El pan queda medio crudo en
el centro.
Demasiado o poco líquido.
Receta con ingredientes que
dejan la masa húmeda, como el
yogur.
El pan queda abierto, con
corteza áspera o con
demasiados agujeros.
Mucha humedad o el agua
demasiado caliente.
Superficie sin hornear, con
aspecto como de hongo.
La cantidad de masa no cabe
en el molde.
Demasiada harina,
especialmente para pan
blanco.
Demasiada levadura, o muy
poca sal.
Demasiado dulce, uso de
ingredientes dulces además de
azúcar.
Rebanadas disparejas o con
grumos en el medio.
El pan no se enfrió lo suficiente
(el vapor no ha escapado de la
barra).
Sedimentos o residuos de
harina en la corteza del pan.
La harina no se mezcló bien en
los lados durante el amasado.
a) Mida las cantidades correctas de ingredientes.
b) Verifique las cantidades de los ingredientes y asegúrese de haberlos agregado todos.
c) Utilice otro líquido o deje que el actual se enfríe hasta temperatura ambiente; agregue los
ingredientes de la receta en el orden correcto, haga una pequeña zanja en el medio de la harina y
ponga la levadura ya desmenuzada o la levadura seca; evite que la levadura entre en contacto con el
líquido.
d) Utilice solo ingredientes frescos y bien conservados.
e) Reduzca la cantidad total de ingredientes, no use más harina que la cantidad especificada en
la receta; reduzca todos los ingredientes en 1/3.